Todos tenemos amigos Pinochos, mentirosos en serie, engañadores compulsivos que se encargan de siempre mostrarse perfectos en sus historias, creando una imagen de vida ideal, ahora ayudados por las redes sociales. Existen de todos tipos, unos se encargan de alardear de una posición económica, hablan del dinero suyo y de su familia y cٚómo tienen una vida llena de lujos, fiestas excesivas en los mejores sitios, viajes continuos a las playas, según ellos una vida de empresario de Qatar. Otros animan su vida laboral, aseguran que sin su trabajo la empresa para la que trabajan no podría funcionar, que su jefe inmediato se ha encargado de luchar a capa y espada para que no abandonen su puesto de trabajo, o se inventan contratos, contactos y posiciones secretas que nadie conoce para evitar tanta “envidia”. Otros hablan de su vida sexual, en su imaginario únicamente salen con modelos de revistas, hombres perfectos, desde el cuerpo trabajado en gimnasio, 180 centímetros de estatura, rostros perfectamente delineados con piel de durazno bañada por el sol latino, se encargan de crearse conquistas poco comunes que harían envidiar hasta al mas adinerado homosexual y olvidan que uno conoce su realidad, viéndolos desfilar con sapos que por más besos que les dan nunca se convierten en príncipes. Algunos usan las redes sociales para crear un estatus, comparten fotos de sus relojes de marca (imitaciones doble o triple A), tomas en sitios paradisiacos que no muestran mucha información, una fotografía al lado de una piscina, mostrando una palma o la copa de un coctel son suficientes para decir que viajaron un fin de semana a Cartagena, así se hayan quedado encerrados en su casa el mismo periodo de tiempo y por alguna broma cruel del destino alguien los pille comprando en D1 el mercado horas después de que en sus redes aseguraron estar de vacaciones.

 

¿Por qué es tan frecuente la mitomanía en el mundo de los homosexuales? Desde hablar sobre tipos hermosamente perfectos que nunca se ennovian, hasta alardear de tener un estatus socioeconómico superior, ocultar donde viven o los orígenes de su familia, o peor aún, burlarse de “la marica” que ellos sienten está por debajo de su auto mentido estrato.

Sabemos que la homosexualidad no es una enfermedad, pero la mitomanía sí lo es, es preocupante pensar en la vida de esos hombres, los imagino sufriendo por dentro cuando ven los logros de los demás, empecinados en vivir en un mundo de fantasías y sin hacer nada al respecto que cambie su vida para bien.

En Colombia tenemos un dicho “el que no muestra no vende” ¿Sera que eso aplica también en la mente de los homosexuales? ¿Será que por algún designio del señor tenebroso piensan que alardeando de esa manera tan innecesaria y mal construida el destino los va a premiar trayéndoles lo que tanto dicen tener?

Me preocupa ver su forma de actuar, pienso que van a tener una vejez muy difícil, asumo que les importa demasiado el que dirán y cuando se den cuenta que sus historias se vuelven repetitivas, monótonas e increíbles el golpe contra el mundo será muy fuerte, claro siempre tienen la opción de conseguirse nuevos amigos, unos que al no conocerlos les parezca refrescante escucharlos repetir sus mentiras, ver el mundo con los ojos del “dime que tienes y te diré cuanto vales” debe ser una carga más o menos soportable en los años mozos,  pero con el tiempo y ver el progreso de los demás que no se dedican a alardear sino a trabajar duro por lograr sus sueños, seria inaguantable.

No puedo ni quiero hablar sobre los aspectos médicos de la enfermedad, no soy sicólogo, pero  creo que es una de las enfermedades latentes que pueden llevar a consecuencias más graves, depresión o incluso suicidio y por eso debemos entender que eso ocurre, y ocurre con frecuencia, estoy seguro que ustedes, mis queridos lectores podrían ampliar la lista con sus propias experiencias con mitómanos profesionales.

Finalmente, señores mitómanos ¿Cuántas personas conocen que hayan muerto de envidia? Creo que ninguna  hasta ahora.

¿Quieren tener ese estatus social del que tanto hablan? Pongan su imaginación a trabajar, escriban una novela y háganse millonarios vendiéndola.

¿Quieren acostarse con modelos de revistas de ropa interior? Métanse al gimnasio y gástense con ellos la plata de la venta de la novela, créanme, todos tenemos un precio, y el de los modelos es bastante alto.

One thought on “Pinocho gay

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Social profiles