Revista Machio

#BigoteMulticolor

Parceros en público y novios en privado

Hace un par de semanas vi con horror como se volvió viral entre mis contactos de Facebook una imágen en la que había una pareja de hombres de forma romántica en una cama, y en el cuadro siguiente habían dos hombres jugando billar con la frase: parceros en público, novios en privado.

No puedo sino pensar en el retroceso comunitario que representa ese meme: por un lado los homosexuales estamos más y más inclinados a esconder nuestras relaciones del ojo heterosexual, nos hemos sentido cómodos viviendo nuestra vida al escondido, de paso echando atrás décadas de lucha por los derechos LGBTI, por otro, estamos dispuestos a reprimir muchas cosas que hacen una relación más satisfactoria, poder abrazarnos, darnos la mano, compartir un plato de comida en un sitio concurrido, esto buscando una falsa idea de felicidad que nos vende la sociedad, esa idea en la que podemos ser homosexuales siempre y cuando no incomodemos al establecimiento, seamos gay, pero allá en lo escondido.

Yo no tengo la necesidad de andar por la vida ondeando una bandera gay pero tampoco estoy de acuerdo con que mi preferencia sexual sea algo vergonzoso o digno de esconder, creo que el amor es uno, sin importar el género de las personas en la relación, el amor no tiene porque ocultarse, y necesito un novio que se sienta bien a mi lado, alguien que me lleve las ideas y que se sienta orgulloso de tenerme.

El meme refuerza esa idea de que nuestra preferencia sexual es una anomalía y por lo tanto para tener una relación debemos entregar nuestras demostraciones básicas de cariño que como seres humanos tenemos, demostraciones que ya fueron protegidas por la Corte Constitucional de Colombia cuando dijo que impedir demostraciones de afecto en público por parte de parejas gay iba en contra de nuestros derechos y dignidad humana. Peor es que existan homosexuales que crean que esa imágen es válida y no entiendan como es discriminatoria y excluyente y se sientan cómodos andando por la vida reprimiendo sus impulsos.

Esa idea que nos venden era la que obligaba a que antes del Orgullo Gay los homosexuales fuéramos relegados a establecimientos cerrados, secretos, esos mismos bares en dónde habían redadas sorpresa y encerraban a los hombres que allí encontraban con el pretexto de que se realizaban actos en contra de la moral y la naturaleza.

Creo firmemente que la sociedad normaliza condiciones cuando las ve con frecuencia, claro no siempre, pero en nuestro caso así es, en los países del primer mundo las demostraciones de afecto entre gais o lesbianas no son nada extraño, nadie se horroriza, ni les impiden entrar a un establecimiento o los obligan a abandonarlo, esa represión es muy tercermundista. Por eso le pido a los lectores que cuando vean esas actitudes por parte de sus amigos les expliquen un poco, les cuenten sobre nuestra historia, nuestra lucha y cómo no podemos dejarnos relegar a lo oscurito, porque si no nos ponemos las pilas, no tardaremos mucho en volver a usar un triángulo rosado en nuestra ropa para que la sociedad sepa quienes somos (si no entienden esa referencia Google siempre es su amigo).

Abogado inquieto por temas de tecnología, inclusión e igualdad.
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