La democracia no nos sirve a los LGBTI

Basta con mirar la protección de derechos en los países latinos.

Dicen los que saben que Colombia es la democracia más antigua de Latinoamérica, pero nadie dice que el país tiene también la desigualdad más antigua de Suramérica.

Colombia ha sido el protegé de Estados Unidos desde hace muchos años, me atrevo a pensar  que desde que les vendimos a precio de huevo Panamá, para muchas cosas hemos estado arrodillados a lo que E.U.A. dicta, como por ejemplo: la influencia para instaurar el Sistema Penal Oral Acusatorio, para abrir el país a la globalización económica y para crear un sistema de seguridad social privado (los Fondos Privados de Pensiones), pero para otras cosas el país se ha vuelto ignorante de las realidades estadounidenses, como por ejemplo, el avance de los derechos LGBTI nunca fue espejo del avance en Colombia.

El matrimonio igualitario (por poner un ejemplo) llegó a Estados Unidos oficialmente en el 2015 tras una sentencia del Tribunal Supremo, pero para esa época, ya 37 estados y la capital federal lo reconocían, es decir que el legislativo se adelantó al poder judicial y aprobó el matrimonio igualitario.

En Colombia nunca hemos tenido esa dicha, ni la tuvimos ni la tendremos. El matrimonio igualitario fue reconocido por la Corte Constitucional de Colombia en el año 2016, se otorgó un plazo de 2 años para que el legislativo lo regulara y si vencido el plazo no se hacía, entraba en vigencia bajo las mismas regulaciones del matrimonio heterosexual ¿Saben qué pasó? Que los pocos intentos de regularlo, presentarlo por algunos congresistas valientes fueron hundidos por escaza votación o votación negativa.

Eso me hace pensar: ¿Le sirve el sistema democrático a las personas LGBTI?

La democracia es en definición: gobierno del pueblo, pero en el país eso es lo que menos vemos. Es estadísticamente imposible que no existan congresistas homosexuales, bisexuales o lesbianas en cada legislatura, pero ¿porque si existen nunca se logró la legislación necesaria para sentirnos representados en un proyecto que regulara el tema? La respuesta es sencilla: Colombia es un país homofóbico, y los heterosexuales no votan por personas gay (normalmente) así que salir del clóset es casi un suicidio político y social para cualquier personaje público.

¿Dónde está la democracia cuando se necesita que regule clases de educación sexual en temas de diversidad sexual e identidad de género?

En los sistemas demócratas, el gobierno representa, o intenta representar a todas las facciones de la sociedad, y Colombia siendo un país lleno de religiosos, prejuiciosos, homofóbicos, y machistas, tiene un gobierno y un poder legislativo que representa esos ideales.

Si el matrimonio igualitario hubiera sido sometido a voto popular, estoy seguro que hubiéramos perdido de manera aplastante. Porque en Colombia la gente es experta en usar la biblia el domingo para hablar del amor al prójimo, pero salir a condenar cualquier cosa que sea diferente a ellos, no solamente hablo de los homosexuales, lesbianas, y bisexuales, sino de inmigrantes, negros, indígenas, pobres, enfermos, viejos, y demás.

Tenemos un gobierno elegido por voto popular, que representa, tristemente, a esa mayoría de colombianos que nos quieren ver ardiendo en una hoguera o recluidos en un centro de concentración en dónde no interrumpamos la vida del hombre blanco, heterosexual y machista.

La democracia en el país no nos representa, los cambios que han tenido los gobiernos frente a los derechos de la comunidad LGBTI han sido forzados por el poder legislativo, en Colombia por la Corte Constitucional, y ahora en Latinoamérica por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Como personas LGBTI tenemos que participar activamente de las decisiones políticas que nos afectan como ciudadanos y más aún como personas de sexualidad e identidad de género diversas, es eso o seguimos siendo un obstáculo en los gobiernos de cada país.

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