Revista Machio

#BigoteMulticolor

El juego de Tinder

Foto de Tumisu disponible en Pixabay.

Decidí darle una oportunidad a Tinder, había prometido no regresar porque las opciones que me brindaba en un pueblo pequeño eran pocas y predecibles pero ahora ya estaba triunfando en la gran ciudad y por lo tanto encontraba un gran ramillete de solteros buscando amor y compañía.

Cumplí con todos los pasos, llené mi perfil después de registrarme, elegí algunas fotos en las que no me veía TAN feo, puse un par de frases en la descripción y comencé con el voleo de dedo, izquierda si no me gustaba y derecha si quería ser el padre de sus hijos.

Tuve éxito, no podía creer que hacía match con tantos tipos bonitos, me sentí como Carrie momentos antes de que le cayera la pintura encima.

Se volvio adictivo, me molestó cuando mi primera tanda de «swipes» a la derecha se me acabaron y la app me ofreció el plan de pago, escandalosamente caro para el colombiano promedio. Esperé paciente las 12 horas para seguir pero mientras tanto comencé a saludar a los más interesantes de mis complementos. Volví a asombrarme con la lista de hombres, unos increíblemente hermosos, tanto que me hicieron pensar si buscaban un #SugarDaddy. Pero luego sentí la pintura sobre mi cabeza. Muchos de ellos no respondieron, o se quedaron en el hola inicial.

¿Si todos estamos ahí por la misma razón por que muchos de ellos se encargan de mostrarse inalcanzables?

Sin hablar de la grosería predominante en aplicaciones como Grindr o ManHunt, encontramos personas en Tinder que se llenan con una colección de «matches» que no traspasan lo digital y muchas ni responden los mensajes que reciben por primera vez de otras personas.

Luego apareció algo más: muchos usuarios tienen unos perfiles muy interesantes, con distintas fotos en ciudades del mundo, ejercitándose en el gimnasio y una foto frente al espejo en dónde se vea claramente la manzana de su celular.

¿Esos mismos usuarios no habrán pensado que algunos detalles pueden ser intimidantes o que posan como superficiales así no lo sean? ¿Y que por ende sus matches son menores porque sus exigencias son muy altas? Para rematar esos perfiles muchas veces no tienen bio, entonces uno sólo tiene una lista de fotos de un hombre que no dice mucho sobre como esa personas piensa o escribe.

Quizá muchos de esos perfiles estaban en búsqueda de un amor sincero pero no tienen en cuenta que una persona con buenos sentimientos pero que no se considere al mismo nivel económico pensará dos veces en darles corazón.

Foto de Pixabay disponible en Pexels.

Seguí jugando, eliminé el match con hombres que no me respondieron, o dejaron morir la conversación y le di oportunidad a otros que estaban pendientes, pero cambié mi estrategia. Me volví exigente, comencé a darle X a muchos perfiles por detalles insignificantes: se ve muy cabezón, parece estudiante del SENA, tiene cara de fumar mucha bareta.
Luego caí en cuenta de lo cínico que me volví en tan poco tiempo, había cambiado algunas fotos, agregué unas frases más a la bio y comencé a dar menos corazones y más equis, pero quise defenderlo diciendo que podía darme el lujo de tener un estándar mínimo para las personas, como si todos fueran a ser mi esposo en un momento dado, poco tiempo después me di cuenta que me había convertido en aquello que quise destruir: un hombre que eleva sus exigencias a un punto tan alto que ningún pretendiente está a la altura y convierte a Tinder en otro cerco que nadie puede traspasar.

Tenemos una sobrecarga de opciones que cuando jugamos a citas en linea elegimos, algunas veces bien y algunas mal pero siempre nos sentimos insatisfechos porque sabemos que en la palma de la mano tenemos una larga lista de hombres buscando nuestra aprobación mientras gritan a los cuatro vientos que quieren un noviazgo.

Se me ocurre una solución: eviten pasar de Tinder a WhatsApp, vayan directo a las citas en persona, y así podrán conocerse alejados de la fachada que crearon digitalmente, y también se dará cuenta si ese hombre el príncipe azul que tanto anhelaban.

Abogado inquieto por temas de tecnología, inclusión e igualdad.
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