¿Cuál es nuestro cuento de hadas con final feliz?

Es muy difícil olvidar esa influencia de la familia heterosexual perfecta y duradera, la vemos en avisos de suavizantes de telas, cuentos infantiles, galletas, películas y novelas, desde niños estamos inmersos en un mundo romántico creado por y para heterosexuales.

Ilustración tomada de The Princes and the Treasure, un libro infantil disponible para la venta en Amazon.

Alguna vez vi una imagen en facebook que mostraba una pareja (heterosexual como siempre) uniendo sus maletas, un pasado que traían en la espalda mientras miraban el futuro juntos, y esa imagen siempre se ha quedado conmigo, un recordatorio mental de algo que quizás no llegue a tener.

El bagaje es una carga pesada que no es fácil compartir, he conocido hombres muy lindos que solo tienen para ofrecer un cuerpo marcado en gimnasio, una cara de portada de revista pero nada adicional, hombres que creen que su futuro depende de su éxito sexual, sugar-daddies a diestra y siniestra los persiguen… ¿saben lo desgastante que es cuidar un tipo muy hermoso? Y sí, digo cuidar, porque así una persona no sea o se considere celosa, es inevitable salir con estos efebos y ver como la gente los mira con deseo, los más atrevidos los invitan a bailar, o mandan papelitos con su número de celular, y no hablemos de la alta posibilidad de encontrarlos merodeando Grindr cuando nos han jurado fidelidad y amor eterno.

Otros requieren un esfuerzo económico adicional, en nuestra cultura es muy fácil ver al hombre lechero que sale con tipos buen mozos pero tiene que pagar absolutamente por todo, desde un pasaje para verse con ellos hasta comprarles ropa o tenis o celular, con relativa frecuencia, algunos empiezan a poner encima cargas propias de hijos y no de novios, asumiendo que la otra persona tiene que ayudarlos en el aspecto económico. Es distinto meterse con bisexuales, de esos que ya tienen mujer e hijos y aunque muchos realmente se sienten atraídos por ambos sexos, buscan una persona que les “colabore” con sus gastos, he visto amigos comprando pañales porque su novio de turno tiene un bebe recién nacido, o algunos, los que prefiero, al menos por sinceridad, de entrada avisan que buscan una ayuda económica, siendo decisión del conquistador seguir ahí sabiendo que tendrá que invertir una cantidad de dinero. En esos casos prefiero un prepago, al final, usted termina calmando su necesidad sexual por una módica suma, no hay pagos adicionales, no llegan con el recibo de la luz, no son una renta mensual.

¿Qué tal esos que siempre tienen el que dirán en sus mentes? Esos que siempre buscan invitaciones a sitios exclusivos, desde idas a cine, restaurantes de moda, unos más básicos solo buscan quien les gaste la rumba en la discoteca de moda, todo en sus redes sociales es una bendición, su nuevo reloj, los tenis de marca o el jean de doscientos mil pesos, así sepan muy bien que tienen que pagar el favor a su santo patrono lechero de momento.

Veo las parejas heterosexuales en algunos sitios que frecuento, y no puedo evitar sentir algo de envidia, me da curiosidad como seria tener un novio así, uno que no ande buscando sexo por fuera de la relación, uno que considere que lo que yo ofrezco es suficiente, uno con quien pueda empezar a construir un hogar, sí el cliché de tener un perro mientras se vive en un apartamento, uno con quien compartir una salida de domingo a un restaurante campestre o con quien volarse a cine una noche en donde el tedio es más fuerte que la gana de acostarse temprano.

Los gringos dicen que el jardín del vecino siempre es más verde que el propio, las cosas desde afuera se ven mucho mejor de lo que realmente son, las apariencias siempre engañan y asumir que una relación heterosexual es mejor que una homosexual es entrar directamente en una zona de prejuicio que no me interesa explorar, pero es muy difícil olvidar esa influencia de la familia heterosexual perfecta y duradera, la vemos en avisos de suavizantes de telas, galletas, películas y novelas, desde niños estamos inmersos en un mundo romántico creado por y para heterosexuales y nadie se encarga de hacernos creer en el amor gay, otro prejuicio, pero en serio ¿Cuál es la relación perfecta de los homosexuales? ¿Esa en donde ambas personas trabajan y comienzan a crear un hogar, salen un día juntos a comprar muebles, comparten sus desdichas, tienen espacio para compartir con sus amigos sin olvidarse que tienen a alguien que los respeta y los ama cuando llegan a casa?

La base para esa relación es una buena dosis de comunicación, y es ahí donde fallamos, los homosexuales estamos predeterminados para mentir, cuando descubrimos el gusto por el mismo sexo comenzamos mintiéndonos a nosotros mismos, luego a nuestra familia, algunos privilegiados, nacemos en familias de mente liberal en donde ser gay no es causal de desheredamiento, pero no quiero imaginar los que nacen en familias conservadoras, o cristianas, en donde serlo es un camino directo a la condenación, luego más mentiras en el colegio, el miedo a ser señalado, la burla constante es algo que no todos pueden asimilar de la misma manera, entramos triunfantes al ambiente gay, conocemos personas y nos damos cuenta que al parecer admitir ser pasivo es un objeto de vergüenza social, mentimos sobre la cantidad de amantes que hemos tenido, mentimos sobre el rol que preferimos, o incluso la edad en la que empezamos a tener sexo, y luego llega ese principie azul, ese que nos hace sentir mariposas en la entrepierna y queremos mostrar la mejor versión de nosotros, cambiamos, mentimos, ignoramos, evitamos, una versión de nosotros a la medida para que la persona no se aburra, no se vaya y empezar a pensar que realmente podemos ser felices.

Todo se desinfla cuando vemos que esa versión mejorada de nosotros no es suficiente, cuando al principie también le gusta el perreo intenso y tiene perfil en Grindr, o los mas disimulados, otra cuenta de facebook, secreta en donde pertenece a los mil grupos gay de la ciudad y se dedica a buscar sexo esporádico con alguien que esté dispuesto a prestarlo un rato.

Acá mismo en Revista Machio tenemos un artículo sobre la exclusividad sexual, en donde el autor nos cuenta cómo puede llegar a ofrecer una exclusividad romántica, pero nunca sexual, reconoce su calidad de ser humano y su necesidad de sexo constante, distinto, variado.

¿Es acaso sea la respuesta a la relación homosexual perfecta? Una en donde haya un respeto y romanticismo entre la pareja pero puedan disfrutar de sexo casual con terceros, esa sola decisión quitaría un gran peso de la relación, si usted no está esperando fidelidad, no se puede molestar porque su novio tenga un encuentro casual en la mitad del día antes de llegar a sus brazos, pero mucho más importante, usted podrá hacer lo mismo, desfogar sus instintos sexuales con un desconocido, una paja casual en un centro comercial, o recibir sexo oral mientras hace la caminata en el parque para bajar el almuerzo, o asiste al videoclub en donde siempre encontrara una boca amiga que lo ayude a liberarse del cansancio del día.

Tampoco lo creo, por alguna razón, tengo metido un chip de único novio en la mente, tanto tiempo siendo adoctrinado por la religión me ha hecho creer que si tengo novio, debo ofrecer y esperar fidelidad, y es algo bastante complejo. No quiero un novio que sea como mi hijo, uno que tenga que costearle sus gastos, el amor comprado se acaba en igual medida al ingreso económico. No quiero un novio bisexual con novia, creo que me merezco un amor completo y no a medias. No quiero un novio con problemas que me busque como la solución de ellos, es obvio que uno puede ayudar, y esa ayuda muchas veces solo debe ser un hombro para llorar o alguien que escucha y ayuda a pensar con cabeza fría. No quiero un novio que piense que el sexo es lo único que mueve su vida, no quiero un novio que se mantenga en su zona de confort, no quiero un novio con miedo al pasado, al presente o al futuro, no quiero un novio inseguro que piense que cada vez que voy a salir es porque me voy a ver con un hombre, no quiero un novio en quien no pueda confiar porque si no hay confianza nada se puede construir.

Necesitamos nuevos cuentos de hadas, en donde un príncipe azul conozca el príncipe del reino contiguo y se amen para toda la vida, un castillo de lleno de súbditos que los aman, el Reino de Gaylandia podría ser un buen titulo, pero al menos podríamos entender que sí podemos tener un final de amor eterno, asi no sea al tradicional, pero cuento de hadas al fin y al cabo.

Mantenemos una ilusión de cuento de hadas , de un “vivieron felices para siempre”, pero una versión heterosexual plantada desde niños, como hombres gay no sabemos cuál es el final feliz que nos toca o nos merecemos, quizás sea vivir en un apartamento con un perro adoptado y disfrutando la compañía de hombres, de esos que por cierta cantidad de dinero satisfagan nuestras ganas, tal vez nuestro final sea reflejado en nuestra familia, sobrinos, primas, hermanos, verlos felices o poder darles una estabilidad económica, o tal vez sí llega el príncipe azul, lleno de amor y de pasión, de lealtad y sinceridad con el que podremos construir un hogar, la pregunta seria ¿realmente estamos preparados para ese príncipe y podremos serle recíprocos? ¿O seguiremos buscando el tesoro al final del arcoíris para darnos cuenta demasiado tarde que lo tuvimos y lo dejamos pasar?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Social profiles