El círculo vicioso de Tinder

Lo instalamos, lo usamos, nos aburre, lo eliminamos y luego lo instalamos de nuevo.

Esta es mi cuarta vez usando Tinder. Lo instalé por curiosidad cuando me dieron un código de descuento de 6 para el plus, muy afortunado yo, pero lo instalé en marzo del 2020, desafortunado yo.

Un par de semanas antes del confinamiento me puse a jugar en la aplicación, asombrado con los perfiles de hombres tan hermosos y perfectos que me ofrecía estar en Bogotá, no escatimaba en corazones verdes. Tuve claro que no todo podía ser digital, me atreví a salir con tres hombres, aunque en total hablé con 6.

El primero, un odontólogo que facturaba en dólares entró diciéndome que no quería seguir siendo lechero, y que muchas personas se acercaban a él para que les gastara, el hombre no era tan bonito, pero sí era muy interesante, conversamos esa noche y me di cuenta que el problema no eran los hombres sino él, él que siempre estaba detrás del mismo prototipo de hombre hermoso pero en bancarrota.

Salí con un muchacho de un banco, muy hermoso en su perfil, bastante normalito en persona, de hecho, casi me sentí estafado, el joven era como buena gente, pero muy adicto al tema de saunas y videos porno y eso para mí es una alerta roja.

Luego conocí a un abogado, con él nos aguantamos un diluvio, pero terminamos comiendo hamburguesa, un hombre muy interesante pero la pandemia nos separó.

Hablé con otros: un ingeniero, un optómetra y otro abogado, con ninguno tengo contacto ahora.

La volví a instalar, esa segunda vez no pasó nada concreto con nadie, comencé a coleccionar coincidencias (match) y traté de no dejar morir la conversación, pero ellos sí la dejaban morir, me dejaban en visto, me aburrió rápido.

La tercera vez quise viajar, usé el servicio de pasaporte y comencé a ver perfiles de países de mi interés, entendí dos cosas, los colombianos somos muy feos y yo soy colombiano, soy muy feo, los perfiles que me dieron corazón fueron muy escasos. Mi sueño frustrado de conseguir esposo extranjero murió… o bueno aún puedo adoptar un venezolano y ayudarlo a traer a su familia.

Volví a caer en la tentación, nada de pasaporte, puro talento local, y lo curioso fue que comencé a encontrarme con los mismos perfiles de las veces anteriores, eso me hace pensar ¿qué estamos buscando? Han pasado casi dos años desde mi primera experiencia en esa aplicación y parece que ninguno hemos conseguido marido.

¿Qué es lo que está pasando? ¿Se volvió un símbolo de estatus social el número de coincidencias que tenemos pendientes en Tinder? (Llevo 750).

Los perfiles caen en clichés muy predecibles: perfiles sin ninguna descripción, hombres dándose la gran vida, hombres mostrando muy de cerca su cuerpo marcado en el gimnasio, perfiles frenteros que hablan de Sugar Daddy, y los típicos que “casi no entran a la app y mejor hablan por Instagram”.

Cada vez se vuelve más difícil encontrar perfiles que resalten, que estén fuera de la común, y es justo a ellos a los que le envío su corazón verde, algunas veces coincidimos, pero pocas veces hablamos.

Estoy acercándome al punto de no retorno, me estoy aburriendo de Tinder, y quizá sea para siempre, pero pensar que la otra alternativa digital sea Grindr me hace más difícil dejar ir este perfil. Como dijo Betty, ya no soy soltera, soy solterona.

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