Samuel, no nos cansaremos de gritar tu nombre

Samuel Luiz es el nombre del joven de 24 años que fue asesinado de una paliza homófoba, al grito de “maricón”, el pasado sábado en A Coruña. Es la culminación de una escalada de violencia contra las personas LGTB+ que se repite diariamente en las ciudades de España.

Fuente GQ.

Se me han olvidado muchas de las cosas que con 24 años todavía no había hecho por primera vez, pero no todas. A los 24 años, precisamente, fue cuando salí del armario, y cuando conocí al chico que fue mi primer novio. A los 24 años asistí a mi primer Orgullo con orgullo, y empecé a aceptar por fin la condición de la que tanto me habían hecho avergonzarme. 

Parece que Samuel, el joven de 24 años que fue asesinado de una paliza homófoba, al grito de “maricón”, el pasado sábado en A Coruña, fue un chico más libre. “Jamás pensó que podría ocurrirle algo así”, relatan las amigas que lo vieron morir. ¿Por qué iba a pensarlo? En 2004, cuando Samuel rondaba los 7 u 8 años, en España se aprobó la ley del matrimonio igualitario, un logro por el que se partieron la cara miembros del colectivo LGTB+ de generaciones anteriores, como Pedro Zerolo o Carla Antonelli. Tal vez Samuel no sabía, o quizá sí, que esa libertad suya, ese ‘jamás pensar que podría ocurrirle algo así’, además de vibrantes ganas de vivir, también tenía mucho de valentía. 

Ser una persona abiertamente LGTB+ sigue siendo un acto revolucionario en todo el mundo, y concretamente ahora en nuestro país, donde tras la irrupción en el Congreso de los partidos de la ultraderecha se está viviendo un cuestionamiento de los derechos y la dignidad que al colectivo LGTB+ nos ha costado tanto que nos reconozcan. Y donde las agresiones LGTBfobas han crecido como la espuma. El asesinato de Samuel es la culminación de una escalada de violencia que no parece que vaya a cesar.

En 1998, el asesinato homófobo de Matthew Shepard, un joven gay de 21 años, en Colorado, conmocionó a la sociedad estadounidense, y su figura se convirtió en un símbolo. Pero cuando la comunidad LGTB+ reivindicó su muerte como lo que fue, el punto álgido de la violencia normalizada contra las personas que pertenecen a la misma, muchos sectores tradicionalistas le negaron, y se empeñaron en ensuciar su memoria, como si hubiera víctimas mejores y peores. 

Aquello no fue muy diferente de cómo hoy se cuenta desde muchas tribunas el crimen de Samuel. Desde su familia se insiste en que no quieren que se le vincule con ninguna bandera ni símbolo, pero no somos nosotros quienes han hecho de su asesinato algo político, sino quienes lo mataron. ¿Cómo tiene que morir una persona para que se reconozca que fue un delito de homofobia? ¿No basta que lo último que escuchara Samuel antes de morir fuera “o paras de grabar o te mato, maricón”? ¿Son los agresores quienes deben confirmarlo? 

La sociedad en su conjunto tiene responsabilidad en el asesinato de Samuel, y demuestra no haber estado a la altura. No es difícil entender que un grupo de personas se vean legitimadas a matar a un chaval a golpes cuando desde el Congreso y muchos medios de comunicación se da voz a los discursos que, como decíamos, cuestionan nuestros derechos y nuestra dignidad. La desprotección desde las instituciones es evidente, y ese es el mayor acicate para que siga sucediendo.

Pero España ayer fue un clamor por Samuel. El verdadero Orgullo fue ayer. Miles de personas salieron a las calles de todo el país sabiendo que seguirían siendo cuestionadas y violentadas, solo con el poder de la unión, de la razón y de la verdad. Eso no nos lo van a quitar. Sabemos que hay mucho trabajo que hacer en cuanto pedagogía, al igual que sucede con la violencia de género, cuya raíz es la misma. Sabemos que hay mucha perspectiva LGTB+ que incorporar a la educación, a la política y a los medios de comunicación. 

Sabemos que hay mucho desconocimiento de nuestra realidad, que parte de quienes se oponen a reconocer la existencia de la violencia estructural que ha acabado con la vida de Samuel (así como se oponen a las leyes de diversidad en las aulas, o a la protección de las personas trans), lo hacen por ignorancia. Como afirma Jaime Grau en Twitter, los que dicen que a Samuel lo mataron por un móvil son los mismos que dicen que un hombre mató a su mujer por una disputa de celos. Como apuntan también en redes sociales, es muy fácil hacer una noticia de cualquier tuit pero muy difícil validar las palabras de las amigas de Samuel. 

Pero también sabemos que la otra gran parte de los que se oponen a nosotros lo hacen por simple odio, y a esos no podemos darles lecciones. Como decía Pedro Zerolo en lo que ya es un perfecto tópico, en nuestro mundo ellos tienen cabida, pero nosotros en el suyo no. Esos sencillamente nos tendrán en frente. Frente a esos no nos cansaremos de gritar tu nombre, Samuel. Por ti, por los que sufrieron antes y para que no lo hagan los que vienen después. No nos cansaremos de reivindicar la dignidad y la humanidad que te intentaron quitar.

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