Señores y señoras heterosexuales hay lugares en dónde ustedes no pertenecen, en donde no deberían estar. El cuarto oscuro de un bar gay es uno de ellos. Cuando cruzan las cortinas encuentran un cuarto completamente oscuro. Sus ojos se demoran unos minutos en ajustarse. Todo lo que se puede escuchar es el bajo de la música y el sonido de alguien a quien están penetrando.

Eso es lo que uno encontraba en el cuarto oscuro de un bar gay hasta hace dos meses, cuando una mujer heterosexual terminó en uno de ellos, fue manoseada y amenazó con llamar a la policía. Aquí aparece una lección: cuando usted entra a un cuarto oscuro, está otorgando un grado de consentimiento. Los hombres gay vamos allí para que nos toquen, nos manoseen. Cuando sentimos que la persona que lo hace no nos interesa con gentileza los alejamos. Si sentimos que necesitamos alejar a muchas personas es probable que no debamos estar ahí. Los hombres gay que no gustan del sexo anónimo se quedan en la pista de baile o en la barra del bar.  Sin juzgamientos, sin avergonzarse o avergonzarlos.

La identidad de nuestra cultura nos impide que nos importe cuando ustedes, heterosexuales, se sienten amenazados por ella, ustedes pueden ingresar a cualquier sitio, encontrar bares, restaurantes. Por temor a un allanamiento por parte de la policía (algo que los homosexuales hemos vivido durante décadas)  el dueño del bar que más frecuento instaló  luces muy brillantes, quitó las cortina, convirtiendo el cuarto oscuro en un salón de fumadores.

¿Acaso no han arruinado demasiadas cosas señores heterosexuales? ¿Acaso no han tomado demasiadas cosas de nuestra cultura para hacerlas pasar como suyas? Ustedes usan nuestras palabras, ven nuestros programas de tv y nos degradan cada día que pueden, y al final esperan recibir una invitación especial a nuestras fiestas, nuestros lugares. Si estamos a la defensiva en nuestros espacios y amenazados por sus grupos de gente heterosexual en nuestras fiestas es porque nos sentimos minoría en nuestros sitios gay. Nuestros bares están desapareciendo y sin embargo sus lounge, bares de rock, restaurantes, siguen abiertos. Sí, nuestras costumbres sociales, y los levantes por redes sociales son parcialmente responsables por la muerte de estos sitios gay, pero sinceramente, los homosexuales no queremos que los lugares en donde nos sentimos más a gusto estén llenos de hombres y mujeres heterosexuales que miran con curiosidad como dos mujeres bailan, o a veces con asco como dos hombres se besan. Nosotros vemos sus relaciones en programas de televisión, vemos sus escenas de sexo actuadas en la mayoría de series que presentan ¿cada cuanto ustedes son forzados a ver nuestras relaciones románticas o sexuales en esos espacios?

Ustedes no tuvieron que pelear por esos espacios. Nosotros sí. Ustedes no encontraron refugio en los espectáculos de Drag Queens durante el show mediático de la epidemia de SIDA, nosotros sí. Ustedes no se escapan al bar gay más cercano después de vivir durante años en el closet para buscar sentirse parte de una comunidad, y muchas veces buscando tener sexo por primera vez, nosotros sí.

En el articulo “Mujeres heterosexuales en los bares gay ” me siento ofendido porque sugiere que los heterosexuales, especialmente mujeres heterosexuales no necesitan permiso de los hombres gay para estar en bares gay, o permiso de mujeres u hombres trans para estar en bares trans.

Eso es como decir que un hombre blanco norteamericano no necesita permiso para estar en un bar latino, y que no deben respetar el hecho de que están en un ambiente donde se habla español y mucho menos esperar que los atiendan en su idioma nativo.

Ese artículo sugiere que la única razón por la que una mujer no sea bienvenida en un sitio gay es por misoginia, excluyendo su actuar y el privilegio heterosexual como un problema. No es un secreto que la misoginia es un gran problema dentro de nuestra comunidad, pero si vamos a ver problemas mayores encontramos, por ejemplo, los casos de violaciones cometidas por hombres heterosexuales en contra de mujeres lesbianas, algo que no se soluciona invadiendo el espacio que le pertenece a alguien más.

El hecho es que todos necesitamos permiso para estar en un sitio que no está enfocado a nuestro demográfico, y si asistimos somos solo un invitado. Existen zonas culturales que están enfocadas en cierto grupo de personas, y no por odio, miedo o prejuicio, sino porque todos merecemos un lugar y se debe respetar. Mujeres heterosexuales, si no les gusta eso pueden ir, literalmente a cualquier otro sitio, en ningún bar, discoteca, centro comercial o iglesia les niegan la entrada, algo que nosotros sí hemos vivido. A donde sea que vayan, siempre encontraran personas heterosexuales.

Los hombres gay no tenemos esa seguridad. Las mujeres lesbianas no la tienen. Los transexuales mucho menos. Por eso creamos bares gay, barrios gay y sitios gay de encuentro. Es el único momento en donde no nos sentimos amenazados o una minoría invisible.

Existen bares “gay” en donde se reúnen mayoritariamente hombres o mujeres transexuales. Otros sitios en donde se encuentran hombres y mujeres por igual y ofrecen shows de drags. Existen sitios en donde reciben con los brazos abiertos a los heterosexuales siempre y cuando no asistan y se comporten como si estuvieran en un espectáculo de circo en donde nosotros somos la atracción principal.  Hay bares para osos que buscan compañía, y sitios en donde los meseros atienden en ropa interior buscando una buena propina, mientras que los heterosexuales se sepan comportar son bien recibidos.

Existen bares de lesbianas, un sitio al cual probablemente no iría un sábado en la noche, y no porque no me gusten las lesbianas, sino porque asumo que la clientela de esos bares no salen de fiesta para encontrarse conmigo, y yo respeto eso. Es así de sencillo.

Y existen sitios en donde la luz es más tenue, lugares en donde el cruising por sexo es frecuente e implícitamente están enfocados a los varones, y es ahí en donde las mujeres no deben ingresar, esto no porque la misoginia no sea un grave problema dentro de la comunidad gay,  porque lo es. Estos lugares no serán muy seguros para alguien de cualquier género que no quiera ser tocado o manoseado por un desconocido.

En esos sitios yo he sido manoseado, agarrado, me han penetrado en cuartos oscuros por hombres que nunca vi. Por esa razón asisto a esos sitios. Si usted no es un hombre buscando tener sexo con otro hombre, esos sitios no son para usted, y si no les gusta eso hay muchos sitios a los cuales pueden asistir.

Hay mucha controversia sobre la presencia de mujeres heterosexuales en bares gay. Todo el mundo tiene el derecho de buscar un espacio seguro y debería hacerlo, pero no se permite buscarlo siendo irrespetuoso o denigrando los espacios seguros de los demás.  Nuestras primeras marchas fueron organizadas en sillas de bares, y no los bares limpios y bien iluminados que encontramos ahora, sino cuartos oscuros, escondidos de la policía, del ojo vigilante de la sociedad prejuiciosa y discriminadora. Ahí comenzó nuestra historia, y antes de esos bares, teníamos contenedores cerca a  los puertos y antes de eso teníamos nuestros closets.

 

Articulor traducido por Fabián Cardona para Revista Machio.

Tomado de Advocate.com

 

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