Revista Machio

#BigoteMulticolor

Orgullo LGBTI: Todas esas expresiones que usas y crees que no son homófobas (pero sí)

Fuente: Revista GQ.

El Orgullo LGBTI (que se ha conmemorado en junio y que en esta primera semana de julio celebra el fin de fiesta) es la época del año en que las personas que no pertenecen al colectivo nos han recordado, más que nunca, todas estas expresiones. Frases hechas y lugares comunes que algunos utilizan creyéndose modernos, pero que siguen perpetuando estereotipos y violencia. 

Por ello también es el momento perfecto para desmontarlas. Algunas son evidentes y dignas de los más retrógrados, pero otras se camuflan en el imaginario como bonachonas o bienintencionadas, y nada más lejos de la realidad. Si eres de la comunidad LGTB+, estarás harto de escucharlas, y si no lo eres, seguro que las has usado en alguna ocasión. No lo hagas más.

1. No pareces gay.

Mucha gente cree que es un piropo, pero no, está mal de muchas formas. No solo porque da por hecho que solo hay una forma de ser gay, que coincide con personas que tienen pluma, a las que les gusta la moda o las divas del pop (en 2020, esa sigue siendo la imagen que muchos tienen de los hombres gais), sino porque implica que esa es una forma peor de ser gay. 

Implica que es mucho mejor ser un homosexual de maneras muy rudas, al que le guste el fútbol y que eructe en el sofá. Esto a veces va acompañado de un “qué desperdicio”, algo que escucharías en ocasiones cuando Pablo Alborán salió del armario. 

Suele ser, ademas, un comentario muy habitual entre las mujeres, y aunque parece un chiste divertido en plan “ya no me puedo casar con él”, históricamente da a entender que el propósito de los hombres y las mujeres, aunque sean gais, es ser aprovechados y disfrutados por los heteros de la forma tradicional, que suele ser casándose y teniendo hijos.

2. Te voy a presentar a un amigo gay.

Es un absurdo máximo. ¿Existe algún caso de algún hetero al que le hayan dicho “ay, tengo una amiga también hetero, te la voy a presentar”? El celestinismo existe entre los heterosexuales, no lo podemos negar, pero suele ocurrir cuando una persona lleva mucho tiempo soltera o le cuesta encontrar pareja. A nosotros nos sucede de forma sistemática. 

Lo primero, no todos los gais somos iguales, no tenemos por qué coincidir solo por ser gais. Supone tomar una imagen muy concreta de los gais y generalizarla a todo el colectivo. Lo segundo, no necesitamos ayuda para echarnos novio.

3. Quién hace de mujer en la pareja.

Queremos pensar que expresiones como esta se han desterrado, al menos entre la gente joven, pero la repasaremos por si acaso. Es más habitual de lo que nos gustaría que la vida sexual de hombres gais y mujeres lesbianas parezca un misterio irresoluble para muchas personas heterosexuales.  

Y nos plantean sus dudas sin ningún escrúpulo, como si fuéramos una enciclopedia. Al igual que nosotros no te preguntamos tus posturas en la cama, no lo hagas tú con nosotros. Infórmate de lo que sea por otros medios.

En segundo lugar, esos “¿quién es el activo y quién es el pasivo?” o “¿quién es el hombre?” en parejas lesbianas y “¿quién es la mujer?” en parejas gais demuestran visiones muy problemáticas sobre los roles de género, en particular, y sobre el sexo (el tuyo también), en general. 

Que un hombres sea pasivo en la cama no lo hace menos hombre (es un problema de misoginia y homofobia que has asimilado), y que solo pienses en las relaciones sexuales como un coito o una penetración es sinónimo de ser muy aburrido.

4. No me importa con quien se acuesten.

Es uno de los lugares comunes más nos cansan, y tras la salida del armario de Pablo Alborán lo hemos escuchado y leído mucho. El “a mí no me importa con quien se acuesten” o “yo no voy pregonando mi condición sexual” es un obvio síntoma de homofobia. Sin más. Las personas heterosexuales no tienen que manifestar públicamente nada porque se da por hecho que lo son, pero decir que no lo van pregonando es falso. 

¿No vemos continuamente en las revistas bodas o muestras de amor entre famosos heterosexuales? Nosotros también podemos sentirnos orgullosos de nuestra pareja y amor. Tras esta expresión, muchos esconden que la homosexualidad les parece vergonzosa o deshonrosa.

5. El Orgullo ya no es necesario.

Es triste, pero hay quien piensa que por el hecho de que exista el matrimonio homosexual o que esté penado que a las personas LGTB+ nos den palizas, ya hemos conseguido el respeto y la igualdad. Si echas un vistazo a los plenos del Congreso, te darás cuenta. Pues aún hay cientos de razones para luchar y celebrar el Orgullo. 

Como que las agresiones lgtbfóbicas siguen a la orden del día, tanto en las escuelas como en la calle. Que las personas trans todavía son tratadas como enfermas (volvemos al debate político). Que en otros países siguen matando a la gente por su identidad y condición sexual.

Este “el Orgullo ya no es necesario” o “ya tienen libertad” suele ir acompañado de “¿para cuándo el Orgullo hetero?”. También se dice durante el 8M de “¿para cuándo el Día del Hombre?”. 

El Día del Hombre ya existe, el 19 de noviembre, y el del hetero no porque nadie sufre ninguna forma de violencia ni opresión por ser hetero. ¿A alguien le prohíben casarse por ser hetero? ¿A alguien le humillan, insultan o agreden en el colegio, en la oficina o en algún ámbito por ser hetero?

6. El Orgullo es una fiesta.

Esta no la podemos negar. Pues claro que el Orgullo es una fiesta. Así es cómo queremos que sea. Muchas luchas y reivindicaciones han surgido de forma festiva, no como las manifestaciones a las que estamos acostumbrados, y eso no quiere decir que sean menos válidas. 

Porque el Orgullo es una forma de celebrar también nuestra identidad, nuestra libertad e incluso nuestra relación con la sexualidad. Eso es lo que molesta a los que critican que el Orgullo sea una fiesta. Les molesta la pluma, les molestan las drags, les molestan los cuerpos semidesnudos. Les molesta el Orgullo, vaya.

7. Delante de los niños, no.

Si no te molesta que tus hijos vean besarse a parejas heteresexuales pero sí gais, acéptalo, sufres homofobia. Te resulta incómodo o vergonzoso a ti, no a tus hijos. Esta homofobia suele camuflarse en argumentos como que presenciar eso puede confundirlos, o que sería muy difícil explicárselo

Si nuestra sociedad fuera un poquito más perfecta y los pequeños tuvieran referentes de identidades y sexualidades diversas así como las tienen sobre el amor heterosexual, en películas, series y libros, no habría que explicarles nada. Ademas, te aseguramos que no se van a confundir: somos mucho los que crecimos viendo a personajes y parejas heterosexuales en todos los sitios y hemos sido gais y lesbianas. 

Piensa también que si ellos tienen un imaginario variado y libre, serán mucho más felices en el futuro, porque tendrán menos prejuicios hacia los demás y hacia sí mismos si pertenecen al colectivo LGTB+. Y si te preguntan y tienes que explicarles algo, hazlo. Si no sabes cómo, infórmate bien.

8. Si tengo un hijo gay, lo querría igual.

Esta frase la podemos aplicar a otras similares, como “no me importa que seas gay” o hasta la típica “tengo muchos amigos gais”, porque esconde cierta condescendencia, como la de que las personas que no son LGTB+ permiten a los LGTB+ existir por pura bondad. Es la perversión del cliché de la tolerancia. No necesitamos tolerancia, porque no somos menos que nadie. 

Lo que necesitamos es respeto, dignidad, protección y reconocimiento de derechos. Lo de “si tengo un hijo gay, lo querría igual” es muy similar a decir “si tengo un hijo delincuente o criminal, lo querría igual”. No hemos hecho nada malo que nadie nos deba perdonar. La homofobia, en cambio, sí hay que erradicarla.

9. Decir marica solo es una broma.

Esta expresión nos sirve para reflexionar sobre todas esas homofobias y violencias que existen en el imaginario sociocultural, de las que ya hemos abordado varias. Ahora nos gustaría centrarnos en el uso de términos como “maricón”, “mariquita” o “mariconada”, que se emplean en ocasiones con afán humorístico o cariñoso, pero que perpetúan el mismo sistema homófobo. 

Son términos que hay que erradicar del discurso, ya sea con una motivación claramente ofensiva y vaya dirigido a personas gais o no (en los campos de fútbol es habitual usar “maricón” para atacar), o con una cariñosa (hacia ese amigo al que ves todas las semanas). 

Que los hombres gais lo utilicemos entre nosotros para desactivar su componente humillante y doloroso por haberlo sufrido tanto (un debate también periódico en el colectivo) no es excusa para que lo haga nadie que no sea homosexual.

Abby Stein.

10. Es trans, pero parece una chica de verdad.

Podríamos dedicar un artículo solo a las violencias dialécticas que sufren las personas trans. De hecho, las mujeres trans, además de las lesbianas y bisexuales, han protagonizado las causas del Orgullo 2020 en España. 

Los estereotipos que cuestionan su género basándose en su apariencia forman parte de los más dañinos que viven, y es lo que subyace a esos “es trans, pero parece una mujer de verdad” o “un hombre de verdad”. Lo primero, no parecen mujeres u hombres de verdad, es que lo son, aunque hayan nacido con atributos sexuales asociados a otro género. 

Lo segundo, sirve para perpetuar la idealización del passing, que permite a personas que pertenecen a un colectivo pasar por otro por sus rasgos. Por ejemplo, las mujeres trans que tienen rasgos muy asociados a lo femenino no sufren tanta transfobia como aquellas que, por ejemplo, no han realizado la transición. Dejemos de asociar el físico a un género.

LEAVE A RESPONSE

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *