Revisando Facebook encontré el nombre de un ex-compañero de la universidad que había sido mencionado en el post de otro amigo en común. Me hizo recordar cuando trabajamos juntos, compartiendo historias de la guerra y nuestro gusto compartido por los hombres atléticos. Teníamos grandes conversaciones en persona y por Messenger sobre el amor, la vida, la lujuria.

El disfrutó mucho mis fotos de los hombres en el desfile del orgullo gay en Tel Aviv, y justo la conversación sobre ese desfile fue la última vez que hablé con Dennis.

Ver su nombre en Facebook no fue algo bueno. Mientras leía ese estado me entristecí. Parece que hubo una pequeña complicación con la salud de Dennis, tuvo una falla cardiaca y ahora se fue para para siempre. No lo había visto en persona por mucho tiempo, pero yo sabía que no estaba en su mejor momento de salud. Y aun así era jovial, un hombre maravilloso, uno de esos amigos que están ahí para siempre, su compañía, su humanidad.

Yo no vivía cerca de él, 1500 millas nos separaban, aunque ahora la distancia no se puede medir. Otra diferencia entre nosotros es que mientras yo soy un hombre abiertamente homosexual, él era un hombre casado, casado con una mujer, pocas personas sabían que era gay. Era un padre, abuelo, y un personaje muy reconocido en su comunidad.

Dennis no fue el único buen amigo que conseguí en ese trabajo. Beth fue otra y también está casada con una persona del sexo opuesto, aunque también es gay y pocas personas lo saben.

Mientras escribo esto recuerdo cuando salí del closet. Hace muchos  me vi conduciendo hacia la casa de mi ex novio que me había sido infiel, necesitaba un consejo con tanta urgencia. Llamé a mi mamá y le dije que me escuchara por unos minutos sin decir nada al respecto. Le dije que había estado saliendo con un compañero cheerleader que era mentiroso e infiel. Ella pareció tomarlo de la mejor manera. No pienso mucho en ellos, solo en momentos como este. Hace aproximadamente 16 años, él está casado con un hombre banal mientras que yo estoy disfrutando mi vida. Ha habido peores rompimientos que ese en mi vida, amores perdidos, pero todo suma en la vida de un hombre gay.

¿Qué se siente morir mientras se está en el closet? Eso es todo lo que puedo pensar en este momento. ¿Queda una vida llena de arrepentimientos? ¿Alguna clase de sentimiento de “qué tal si yo…”? ¿Acaso pasa frente a nuestros ojos una versión alternativa de la vida que vivimos? Me sentí tan abrumado por Dennis que aun me hace llorar pensar en eso.

Todos tomamos decisiones sobre cómo vivir. No puedo decir que la vida de Dennis o la de Beth hubieran sido más felices si hubieran acogido lo LGBT porque es obvio que tienen mucho amor rodeándolos. Aman a sus compañeros incondicionalmente, aman sus mascotas, sus amigos. Dennis amó su familia. Sus vidas tuvieron mucho amor, pero no amor LGBT. Parecían que sacando lo gay de sus vidas eran felices y así decidieron vivir.

Descansa en paz Dennis, realmente espero que hayas sido muy feliz y no hayas tenido ningún arrepentimiento.

Articulo traducido por Fabián Cardona para Revista Machio, tomado del original What is like to die in the closet? 

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