Heterosexual hasta que se demuestre lo contrario

Muchos de nosotros sabemos desde niños que éramos diferentes a nuestros amigos de la misma edad, pero la sociedad sigue asumiendo que somos gay apenas cumplimos los 18 años.

Artículo traducido por Fabián Cardona exclusivamente para Revista Machio, original disponible en The Atlantic.

Desmond Nápoles es un niño de 13 años, drag y que salió del clóset siendo mucho más joven, su cuenta de Instagram tiene más de 181.000 seguidores, recientemente apareció en una publicidad de Converse, en dónde muestra que para los niños también está bien ser drag queen. Su madre Wendy Nápoles le dijo que explorara su identidad y se expresara como mejor sintiera, sin culpa, sin esconderse.

Desmond Nápoles.

Puede que se considere a Desmond como un niño precoz, pero muchos de nosotros recordamos habernos sentido diferente desde muy jóvenes. Los niños gais a veces adoptan amaneramientos y por ello se alejan de jugar con sus pares, especialmente juegos bruscos, así como niñas lesbianas usan ropa holgada y no se sienten cómodas en actividades muy femeninas de sus otras amigas. Esas historias, aunque estereotipos, reflejan una realidad que muchos olvidan: las identidades queer tienen elementos no sexuales que se presentan mucho antes de que llegue la pubertad, anunciando lo que viene en la vida de ese niño.

Sin embargo, ver a un niño de 13 años como Desmond vestido de drag hace que muchas personas levanten su voz de protesta, ellos han acusado a la mamá de permitir su sexualización y explotación, incluso en Estados Unidos, un senador republicano propuso una prohibición sobre el tema, hablando de tráfico de menores sin ninguna prueba que aportar.

Niña en desfile del 2018.

Con el tiempo y la lucha de la comunidad, la sociedad oriental ha aceptado a los adultos homosexuales, al matrimonio igualitario e incluso a los políticos homosexuales. Sin embargo, sigue asumiendo que las personas son heterosexuales hasta que cumplen 18 años y es ahí dónde se “descubren” lgbti.  Los colegios y los padres siempre han sentido la necesidad de acomodar la naciente heterosexualidad de los jóvenes, por ejemplo cuando organizan bailes, cuando les preguntan a los muchachos si ya tienen pareja del sexo opuesto y dando clases de educación sexual sobre el sistema reproductivo humano. La identidad de género diverso es entendida mayormente con una connotación sexual exclusiva, usando esa lógica, todo lo referente a la comunidad LGBTI debe estar únicamente dentro de espacios para adultos, previniendo de esa forma la sexualización temprana de niños. Así entendemos porque la sociedad se encuentra tan reacia a Desmond vestido de drag y también porqué tantos niños y adolescentes que se sienten diferentes tienen que manejar esa temprana etapa sin acompañamiento.

Cuando tenía 7 u 8 años vi como un grupo de amigas se pintaban las uñas con ayuda de la madre de una de ellas, quise en ese momento tener mis uñas adornadas de igual manera, no entendía ni me importaba porque era un privilegio femenino el esmalte de uñas. La profesora y la madre me advirtieron que era algo sólo para niñas, seguí insistiendo hasta que me las pintaron con un color muy claro, buscando evitarme el matoneo, acción ineficaz ya que los compañeros de clase igual se burlaron y me hicieron ver que algunas cosas femeninas tenían que evitarse a toda costa.

Recuerdo que cuando era niño estaba obsesionado con las joyas de mis familiares, buscaba ver cómo se verían en mi collares, aretes y pulseras. Amaba el anillo de matrimonio de mi mamá. Ella en algún momento me preguntó: “¿Debería haber pensado que eras gay por ese actuar?” La ciencia tiene la respuesta: probablemente.

Diversos estudios han mostrado que los niños que eventualmente se convierten en adultos homosexuales o bisexuales, demostraron más actitudes de género no conforme en su hablar, en su lenguaje corporal y la elección de actividades que sus pares realizan. También se habla de un nivel de “dosis” entre más no conformidad de género muestre un niño más probable se reconoce como LGBTI cuando es adulto.

“La relación entre la inconformidad de género de un niño y la orientación sexual o identidad de género de un adulto es una de las relaciones más fuertes que existe entre un rasgo infantil y un fenotipo de adulto que se haya logrado estudiar y demostrar en sicología” Richard Lippa es un profesor de Psicología en la Universidad del Estado de California. La relación no es perfecta, no toda niña “amachada” termina siendo lesbiana y no todo niño “afeminado” termina siendo gay, pero la relación es bastante alta. Aunque no aplica igual en adultos transgénero, ahí es más complejo.

Adolescentes pro LGBTI en Glasgow Inglaterra.

Los niños, especialmente aquellos con identidades de género diversas necesitan más libertad para explorar sus identidades. Pero como la sociedad cree que todo lo LGBTI es inherentemente sexual, los adultos piensan que un preadolescente que juega con su identidad de género no lo hace voluntariamente. Muchos críticos consideran que son los adultos los que sexualizan a esos niños al exponerlos a ambientes LGBTI.

Esa actitud por parte de los adultos hace que las identidades diversas sigan siendo algo que la gente tome para burlarse, en vez de permitir que exista una afirmación personal, dejando así que crezca una nueva generación de personas que terminan siendo adultos llenos de cicatrices psicológicas. Crecer siendo gay es muy parecido a crecer siendo pobre, eso dijo Michael Hobbes en un artículo del 2017. En el 2015 un estudio mostró que los adultos homosexuales tenían menos presencia de cortisol (la hormona que regula el estrés) en sus organismos, un estudio similar del 2014 mostró que los eventos de estrés causan más daño en el sistema nervioso de los niños LGBTI que en el cuerpo de sus compañeros heterosexuales de edad similar.

Los niños LGBTI, incluso ellos que no están explorando tan abierta y profundamente su identidad como Desmond, no deberían tener que esperar a ser adultos para poder ser ellos mismos. En vez de eso, deberían tener espacios seguros para su edad en dónde puedan expresarse y conocer otros niños que estén pasando por algo similar.

Los niños con identidades de género diversas saben que son distintos a los demás, incluso antes de que tengan palabras para expresarlo, simplemente nosotros como adultos tenemos que escuchar con más atención.

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