Aprender que era intersexual cambió mi vida

Mi cuerpo no está dañado por una condición médica, sino que es una variación en el amplio espectro del género.

Artículo traducido por Fabián Cardona exclusivamente para Revista Machio. Tomado de Advocate. Imágen de OneDio

Tenía once años cuando mi mamá me dijo que debía depilarme los vellos oscuros que estaban saliendo en mi barbilla. A esa edad no sólo tenía indicios de barba, también mi voz se estaba poniendo más gruesa, mis músculos se definían de una manera distinta a mis amigas. En sexto año veía como mis amigas cambiaban, la tira de sus brasier caían suavemente de sus hombros, y sus caderas llenaban los jeans de una manera que yo no lograba, pronto me dí cuenta que yo no estaba construida como ellas, me daba miedo salir al sol porque pensaba que la luz iba a dejar al descubierto lo tosca que se estaba poniendo mi piel.

A los dieciseis después de visitar pediatras, dermatólogos, ginecólogos un endocrinólogo determinó que yo sufría de HSC Hiperplasia Suprarrenal Congénita, es decir mi cuerpo tenía problemas para producir cortisol y para compensar producía testosterona en exceso.

Haber sido diagnosticada con HSC tuvo ventajas y desventajas, por el lado bueno entendí que mi diferencia con otras niñas era hormonal, comencé a tomar medicamnetos, tuve mi primer periodo a los 18 años y comencé a sentirme como una jóven normal.

Pero esos medicamentos no borraro años de disforia y odio interno hacía mi cuerpo, mi médico dijo que el HSC es una enfermedad extremadamente rara y que era posible que nunca conociera a otra persona que sufriera la misma condición. Mi cuerpo era una anomalía y la enfermedad fue un secreto que se guardó fuertemente y creí haber llegado a un nivel de aceptación de mi cuerpo hasta que llegó el otoño de 2018.

Me estaba graduando de la universidad y hacía poco había salido del clóset, me consideraba queer. Mi sentido del yo se estaba estabilizando cuando encontré un video en Youtube «Hola, Soy intersexual». Esa era una palabra que no conocía y las palabras de Pidgeon en el vide resonaban dentro de mi cabeza de una forma que no pude explicar.

Con ese video encontré que el término intersexual comprende una cantidad de variaciones en el desarrollo reproductivo y anatómico del ser humano. HSC es una de esas variaciones porque causa diferencias entre el sexo biológico y las hormonas que habitan ese cuerpo. En ese momento todo cuadró, aprendí que soy intersexual, la idea de ser que había logrado construir despueés del diagnóstico se había roto pero con esas piezas pude construir una versión de mi misma más compleja, más radiante, más matizada.

Encontrar la terminología intersexual alteró la forma en que veía mi cuerpo, me dí cuenta que no era una anomalía, así aprendí a quererme y dejar atrás la vergüenza  y odio interno que desarrollé desde niña.

Desearía que mi médico me hubiera hablado de la intersexualidad desde que me diagnosticó, en vez de haberme guiado a alcanzar una «normalidad» frente a mis amigas yo hubiera podido aceptar a amarme como nací desde pequeña. Es imposible separar mi experiencia con HSC de mis experiencias con mi género y sexualidad, y la forma en que esas diferencias han cambiado mi forma de entender mi cuerpo y relacionarme con los demás.

Ser una mujer queer con HSC es un privilegio: me ayudó a pensar más allá del género y sexualidad binaria. Puedo entender y aceptar márgenes, espectros e interseccciones entre esos conceptos, ahí dónde vivimos los intersexuales. Aprender que soy intersexual me ayudó a transformar la trayectoria de mi vida y me ayudó a alcanzar amor y éxito en formas que mi yo de once años jamás hubiera imaginado.

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