Revista Machio

#BigoteMulticolor

Sobre la Marcha por la Familia

 

El pasado 6 de noviembre en las horas de la mañana, me dirigí al parque Sucre, lugar importante de encuentro para nosotros los habitantes de Armenia. Un espacio donde convergen diferentes procesos y reconocimientos artísticos y políticos. Este día era la marcha por la familia que se realizaba a nivel nacional y este era su punto de partida. Me dirigí con mi novio, mezclándonos en ese pequeño grupo de setenta personas que iban a luchar exigiendo por sus ideales y sus derechos de una familia natural; gritaban que fuesen derrocadas leyes del presente año que legitiman nuestros derechos como población diversa.

A esta manifestación asistieron miembros de diferentes religiones de la ciudad, desde católicos hasta cristianos protestantes, se unieron, aun así, con sus diferencias religiosas, para luchar en contra de lo que llamaron ideológico, asegurando que sus creencias eran legítimamente naturales, quizá en su más inmensa sabiduría tendrán muy presente que la trinidad es “autóctona” de esta región.

En esas pocas horas que recorrí con ese grupo de personas, la atmósfera muy dentro de mí se tornó tensa, la presión y las fuertes palabras que gritaba la multitud vibraban en mi cabeza, la impotencia aumentaba, yo, en mi silencio y recargando energía con una que otra mirada hacia mi novio, avanzaba; aunque siempre dolerán más las palabras de la propia familia, en esta ocasión era una multitud que me negaban mi derecho a amar, de construir una familia, de crecer de forma personal, profesional e íntima, a mí y a la demás personas que somos diferentes.

Llegamos a la plaza Bolívar, un espacio fálico heteronormativo como lo dijo una de las activistas. Las banderas de colores se desplegaban por todo el ancho de la plaza al lado de la misma catedral, miembros de la personería y policía nos acompañaban, la marcha por la familia no tocó ni una sola escalera de este lugar emblemático. Trans, gays, lesbianas, cisgenero, bisexuales y demás sujetos conformamos un grupo más pequeño, empoderado y presente, defendiendo lo que nos costó conseguir.

Esos pensamientos fálicos y divisorios se desvanecieron. Nosotros ahí, al lado del mismísimo Bolívar, mostrándonos parte de y saliendo de esa imagen suburbana y underground que nos cubrió décadas atrás…

La marcha de la familia concluyó a unos cuantos metros del lugar de donde estábamos, los católicos empezaron un rosario y los cristianos se desplazaron, no seguían sus oraciones, por ahí escuché que tienen un concepto diferente hacia la virgen, quizá entre esa inmensa sabiduría que poseen también tienen líneas divisorias que los etiquetan y los separan.

Armenia me deja con orgullo, con amor y pasión, con un avance que estamos dejando para futuras generaciones, avances de cambios, de tolerancia y respeto

El amor es la mayor acción de resistencia.

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