Diciembre de 2016, Bucaramanga.
Final: 14 de enero de 2018, 12:51, Bogotá.
El siguiente escrito es una interpretación personal de una de las muchas formas de dañarse el ojo [1].
El descubrimiento del cuerpo es en su gran mayoría es producto de la curiosidad del ser humano, que se da por querer entender mejor el funcionamiento del mismo. Por lo tanto, parte del descubrimiento que un hombre o una mujer puede experimentar en su vida, ya sea a corta edad o no, es el de la sexualidad. Esta hace parte de las personas desde el primer momento en el que somos engendrados y es por esta razón que baso el siguiente texto en una de las muchas razones por las cuales el ser humano ha dejado de descubrir por sí mismo su sexualidad y ha dejado que otros lo hagan por él.
Para comenzar, la sexualidad no abarca exclusivamente la experimentación de forma física, a la cual llamaremos Tangible, sino que también una dimensión que, de cierta forma, envuelve la psicología del ser humano. El mismo en la actualidad, gracias a los nuevos funcionamientos de la sociedad, es libre de encontrar en su sexualidad una nueva forma de expresión que lo lleva a experimentar principalmente, sin generalizar, en sí mismo y de esta misma forma luego en otra u otras personas. Las experiencias por lo general se dan de forma gradual, a medida que este se abre a nuevas posibilidades y encuentra nuevas formas de satisfacción individual, mutua y hasta grupal, dependiendo de la situación. Lo anterior ayuda a la persona a escoger sus caminos y la forma en la que llevará su vida sexual, para lograr entre muchas cosas: la comodidad.
Tangible: El ser humano ha dejado de descubrir por sí mismo su sexualidad y ha dejado que otros lo hagan por él.
Cuando digo ‘‘otros’’, propongo una referencia directa a la pornografía, que no considero mala o buena y con esta afirmación me alejo de categorizarla en alguno de estos conceptos. Aunque si la considero una especie de inhabilitador de la curiosidad y como consecuencia del descubrimiento propio. La pornografía ha sido en gran parte la causante de no poder descubrir por nosotros mismos y anula parte de la curiosidad por encontrar y experimentar por uno mismo.
Esto se debe a que en la misma se encuentra la ‘‘totalidad’’ de posibilidades que se dan durante las diferentes relaciones sexuales, de forma explícita. Sin embargo, no digo que las personas dejan de tener curiosidad después de acudir a la pornografía, de hecho puede que la incremente, pero sí en muchos quita la posibilidad de descubrir las reacciones del cuerpo y en general de los encuentros sexuales por sí mismo, pues las personas no solo acuden a ella en busca de un rato de placer sino que también, más común en jóvenes, para saber: ¿Cómo se hace?, ¿Qué hacen? Y ¿Cómo lo hacen los demás?
Cuando un joven, un niño [2], un adulto o cualquier persona de cualquier sexo entra a una página en busca de pornografía se encuentra con una cantidad de categorías en las que se muestra de forma profesional, supuestamente, como se debe llevar a cabo el acto sexual; esto provoca que cuando un niño o una niña comience su vida sexual ya sepa que hacer, porque así lo ha visto. Es decir que no descubre por sí mismo sino que ya alguien lo ha hecho por él. Ahora bien, no significa que todo salga perfecto cuando esto comience, pero si tiene ideas e indicios de qué debe hacer y cómo debe hacerlo, sin importar si lo hace bien o mal, dicho de otra forma: sin importar su capacidad de llegar o hacer llegar a la otra persona a la excitación total.
En los jóvenes y adultos que ya han empezado su vida sexual pasa algo muy similar, pues estos ahora buscan la aprobación, que hace el papel de una cierta clase de evaluación: compara el acto propio con el acto visto en Internet. Como consecuencia, lo que la persona descubre por su cuenta deje de ser valioso y pasa a un segundo plano, en el cual no puede ser libre de experimentar y descubrir porque necesitara la falsa aprobación de la industria pornográfica. Incluso crea una persistencia dañina a ser lo que se muestra en los videos y las películas de temática sexual. Por otro lado, también busca la aprobación de la pareja sexual teniendo como base las actuaciones, que en muchos casos son falsas, del porno.

Para concluir, los anteriores ejemplos contextualizan la idea general. Al comienzo del texto menciono que también se puede perder la curiosidad, pero después de reflexionar al respecto concluyo que en todos los casos y todas las situaciones posibles sigue habiendo curiosidad, pues hay curiosidad cuando intento hacer algo que vi, cuando por primera vez tengo una relación sexual y hay curiosidad cuando intento nuevas formas de hacerlo sin importar de donde las haya sacado. No obstante, lo que sí se puede perder gradualmente o lo que disminuye popo a poco es el descubrimiento propio de saber que se puede y que no, sin importar que todos seamos diferentes y reaccionemos diferente a los estímulos.


[1] Consejos para no dañarse el ojo de Dioscórides Pérez.
[2] Hago énfasis en los niños porque la pornografía se ha vuelto asequible a cualquier edad tan solo con acceso a Internet, ya sea de forma ilegal.

Este texto fue compartido por Camilo desde su blog personal attoreeballerino.wordpress.com

 

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