Argentina cumple diez años con la Ley de Matrimonio Igualitario

María Rachid, secretaria general de la Federación Argentina LGBT, menciona los cambios producidos en el país desde 2010, y subraya lo que falta por hacer.

Fuente: RT Noticias. Foto de Wallace Araujo disponible en Pexels

Este miércoles 15 de julio se cumplen diez años desde que se sancionó la ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo en Argentina, siendo el primer país de América Latina en dar ese paso legislativo para avanzar hacia una sociedad más igualitaria. Según los registros de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (LGBT), ya se produjeron 20.244 uniones de este tipo.  

Así, aquellos sectores que revindican la conquista de derechos civiles planificaron jornadas y actividades virtuales para celebrar, ya que la pandemia impide hacer grandes movilizaciones. En ese marco, son muchos los referentes de organizaciones sociales señalando que, más allá de los casamientos, esta normativa impartió un nuevo piso de aceptación ciudadana, hacia un colectivo históricamente relegado.

Con esa línea, la titular del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, María Rachid, opina: “Al ser un mensaje de igualdad por parte del Estado, se constituye como una herramienta muy importante para trabajar contra la violencia y discriminación de la vida cotidiana“.

María Rachid, titular del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires

“Significó transformaciones culturales, y la inclusión de muchas otras leyes que reconocen la diversidad, la salud mental, la reproducción asistida, los femicidios y la identidad de género”.

Así, aquella mujer que participó de forma activa en la elaboración de la Ley de Matrimonio Civil, más conocida como Ley de Matrimonio Igualitario, le cuenta a RT sus sensaciones al cumplirse una década desde su aprobación: “Es un momento de mucha alegría”.

Para explicar el valor de derechos, Rachid lo relaciona con la resistencia de las comunidades negras de África contra las leyes del Apartheid, un sistema de segregación racial aplicado en Rodesia —hasta 1979—, Sudáfrica y Namibia, finalizado por completo en 1992. “No luchaban solo por ir en la parte de adelante del colectivo o para ir a una universidad en vez de otra. Luchaban por el mensaje de igualdad para todas las personas”, subraya la diputada de la capital argentina.  

Para esta dirigente, la legislación lanzada en 2010 fue el puntapié inicial para establecer más derechos y modificaciones jurídicas, acordes al siglo XXI: “Significó transformaciones culturales, y la inclusión de muchas otras leyes que reconocen la diversidad, la salud mental, la reproducción asistida, los femicidios y la identidad de género”. 

A nivel administrativo, el Poder Ejecutivo en sus distintas escalas —ministerios nacionales y los gobiernos de diversas jurisdicciones— aplicaron “políticas públicas hacia la diversidad”, subraya. Según Rachid, esto se profundizó, o nació, desde que el país sudamericano tiene la Ley 26.618.  

“Tenemos para festejar, pero también falta mucho. El objetivo es la igualdad real“, dice la secretaria general de la Federación Argentina LGBT. Usando otro ejemplo, indica que “las mujeres alcanzaron la igualdad jurídica hace muchos años”, sin embargo, “hace falta dar una batalla cultural, a través de la educación y la comunicación”.

En ese marco, Rachid pone énfasis en la necesidad de lanzar nuevas leyes para reconocer a otros colectivos, como las personas trans, “una comunidad extremadamente excluida a pesar de los avances que hubo con la ley de identidad género”. También señala que el país sudamericano debe actualizar otras viejas normativas, como “la ley anti discriminatoria, que en Argentina está muy desactualizada y no incluye la diversidad”.   

“El único obstáculo fue el fanatismo religioso”.

A la hora de repasar los obstáculos que debieron superar los movimientos sociales para impulsar el matrimonio igualitario, la entendida aclara que en verdad hubo uno solo: “El fanatismo religioso, expresado de distintas maneras”. En otras palabras, Rachid considera que “detrás de los argumentos contra estos derechos, estaba un sector de la Iglesia Católica y grupos evangélicos“. 

Más en detalle, comenta: “Digo un sector, porque en Argentina la mayoría es católica, y está de acuerdo con el matrimonio igualitario, usar anticonceptivos para prevenir embarazos no deseados, preservativos para evitar enfermedades de transmisión sexual, divorciarse y volverse a casar, o tener relaciones prematrimoniales”. En ese tono, acota: “Son cosas con las que un sector de la Iglesia Católica no está de acuerdo, pero la gran mayoría de los argentinos y argentinas sí. Por lo tanto, es la institución, no todos los fieles“. 

“Si nos descuidamos, ganan estos sectores, con discursos interesantes que parecen tener soluciones sobre otros problemas, y terminan generando retrocesos muy graves en la sociedad”.

Frente a esa puja simbólica, valora el apoyo producido por dirigentes sindicales, referentes del arte y la cultura: “La mayoría salió a expresarse a favor, y se generó el consenso que permitió que se aprobara”. 

Para finalizar la entrevista, Rachid hace un llamado de atención para que los lectores estén atentos frente al avance de grupos políticos que pueden amenazar el respeto de sus derechos humanos básicos, como elegir con quién estar. “A veces fallamos en explicar por qué esto es tan importante. Si nos descuidamos, ganan estos sectores, con discursos interesantes que parecen tener soluciones sobre otros problemas, y terminan generando retrocesos muy graves en la sociedad”. 

Más allá del ordenamiento jurídico interno, los países que reconocen la Convención Americana sobre los Derechos Humanos están obligados a no discriminar. Ello significa que, aún sin una ley específica, los Estados tienen el deber internacional de garantizar el derecho a la igualdad, en este caso, de las personas

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